Respecto a esta ciencia del morir, sólo de ella podemos decir que llegará sin falta el día en que nos será exigida su aplicación
Séneca: Cartas morales a Lucilio, LXX
Aun cuando podamos asegurar que en nuestros días el dolor antes intratable puede ser dominado, y que la incomodidad y la angustia de morir pueden ser aliviadas por una asistencia multidisciplinaria y multidimensional apropiada, la negación de la muerte y su inversión persistirán como un reflejo de esos profundos cambios en la consciencia colectiva. El problema no es tanto el dolor físico, más bien es el dolor de tener que morir.
No hay duda de que la muerte no es un suceso menor ni accidental, sino más bien la consecuencia natural de una vida que se ha consumado. Así, tratamos con individuos aún vivos, sometidos a un acelerado proceso de ir-muriéndose dentro de esa vida que aún existe y con quiénes la comunicación no siempre puede establecerse: una veces -las más- las barreras son de orden psicológico.
Nuestro éxito en estos quehaceres no proviene de "curar al enfermo de su morir" sino más bien del permitirle que muera siendo él mismo -según su propia y particular historia- sin los molestos aditivos que provienen de un inapropiado control de los síntomas físicos, de una comunicación defectuosa y de una falta de solidaridad.
Si el ir-muriéndose se acompaña de un adecuado control de los síntomas físicos, de una comunicación competente y de una solidaridad natural y espontánea, es probable que sólo nos quede el difícil problema de resolver el dolor de tener que morir.